Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2009.
Resumen
- 07/04/2009 12:07 - El hábito no hace al monje.
- 07/04/2009 16:48 - ¿Echamos la última?
- 23/04/2009 16:22 - 42
- 25/04/2009 18:36 - Yo tenía.
07/04/2009
El hábito no hace al monje.
Dicen, los que saben, que es dífícil generar hábitos, pero que luego ya no se pierden.
No creo que sepan tanto.
O quizá tienen razón.
Una vez que pierdes, o abandonas, el hábito de la escritura, cuesta mucho volver a el.
Y, cuando de nuevo crees que tienes algo que decir, se te han olvidado los recursos para hacerlo.
Pero, al menos, has aprendido algo, que quizá esto no sea un sacerdocio, que quizá esto no requiere ocupación full-time.
Y, heme aquí, de nuevo. Más viejo e igual de sabio (que es una manera de decir "tan tonto como antes").
Perdón por la espera, no me ha dado tiempo de llegar más tarde.
¿Echamos la última?
Tras la última actividad con raquetas, en la que había más barro que nieve, decidí dar por terminada la temporada invernal y, sobre todo, lavar la ropa. Aunque mucha gente no lo sabe, el Goretex y los forros polares se pueden lavar.
Pero las coincidencias existen, así que el jueves recibí una llamada de Madclimber; "Trabajo el lunes en Zaragoza, ¿Hacemos monte este fin de semana?". "Vale, aún puedo recuperar la ropa del cesto de la lavadora."Supongo que lo entendió, tener vida propia es lo que tiene...
Diferencial; el fin de semana pasado estuve en Benasque. Al menos dos de las cuatro rodillas que juntamos entre ambos no están muy finas y, la nieve no está en condiciones adecuadas.
Así que, el Moncayo se presenta como una buena elección por Gendarmes; 30 º a 35 º, aproximación rápida, descenso cómodo y bar junto al coche (o aparcamiento junto al bar).
Madrugamos (sin exagerar) y a las 8 ya estábamos con los crampones y los piolets estrenando el corredor. La consistencia de la nieve nos permitía avanzar sin liarnos con cuerdas y anclajes, así que, en poco más de una hora estábamos en la cima, pasando frío, disfrutando de la soledad y planteándonos si comernos las galletas anticolesterol o masticar el envoltorio, que era más sabroso.
Descenso por la normal, miradas de envidia de casi todos los grupos que comenzaban la ascensión, apuestas sobre cuantos y cuales llegarían arriba (la parte superior estaba helada) y cervecica (2) en el bar.
Una buena opción y una excelente compañía para terminar la temporada de invierno.

la foto es cortesía de Madclimber (de rojo). Yo hace muchos años que dejé de fotografiarme en el monte.
23/04/2009
42
Cuarenta y dos es la respuesta, todo el mundo lo sabe, al menos los maratonianos y los autoestopistas.
Cuarenta y dos, además de ser la respuesta, es un número bastante bonito. Sonoro. Par. Nemotécnico; el primer guarismo es el doble del segundo.
Mi problema es que está dejando de ser un número para convertirse en una edad.
Y ya no estoy para estos trotes, para ir cumpliendo años, así, alegremente, aunque sean de uno en uno.
Porque me encuentro sumergido en la crisis de los cuarenta.
Al parecer no es grave, he preguntado por ahí, y se suele solucionar con un coche deportivo, o cambiando de pareja (he oído que los mejores resultados se dan cuando la nueva pareja es más joven, incluso de la mitad de la edad del enfermo).
Aparentemente es fácil salir de este estado, salvo que… no me gustan los deportivos, siempre he sido más de furgonetas (supongo que será por haber visto tanto Equipo A), y que estoy enamorado de la mujer con la que me casé, y si no fuera el caso, no me siento capaz de compartir mi vida con una niña de veintipocos, si con mi hija de seis años no me entiendo, y eso que antes de la adolescencia aún razonan.
¿A que viene esto? ¿La crisis de los cuarenta no se pasa a los cuarenta? Pues sí, pero yo esto de las temporalizaciones de las crisis lo llevo muy mal. La crisis de los treinta me llegó a los treinta y siete, por desgracia, la crisis de los cuarenta me empezó a los treinta y ocho. Y claro, cuando llevas los biorritmos cambiados, cuesta mucho centrarte de nuevo.
Es creíble, incluso puedo convencer a alguien de que es así. Pero no es cierto.
En realidad no he entrado en crisis por estar a punto de cumplir cuarenta y dos.
Voy a cumplir cuarenta y dos mientras estoy en crisis.
Y estoy en crisis laboral; creo que podría trabajar en algo que me llenase más, pero como no estudié, no estoy titulado (aunque esté capacitado). Y en mi trabajo hay mucho de apuesta personal, y no me gustaría tener la sensación de retirarme sin ganar. Y estoy en crisis deportiva; me gustaría salir más al monte, pero eso significa “aparcar” a mi familia, y ya bastante dejo de verlas durante la semana como para, encima, no verlas el fin de semana y, además, cargar a mi mujer con la “faena” de aguantarlas esos días que no hay cole. Y salgo con ellas, y son excursiones agradables, pero a veces se me quedan cortas.
Mi amigo psicólogo (al menos, mientras le pagué las sesiones era amigo mío. No creo que me engañase, era un señor con bata blanca) me dijo que la culpa es mía. Por utilizar palabras. Claro, si a la pregunta “¿q´tal, co?”, respondiese “¡Bien, co!” o “¡Asin, asín, co!” no tendría problemas, sobre todo porque al no saber explicarlos pensaría que no existen.
Pero, cuando eres capaz de dar una respuesta compleja (más de dos monosílabos) a cualquier pregunta, terminas haciéndote preguntas complicadas. ¿Quién soy? ¿Dónde voy? ¿A qué velocidad corre el guepardo?
Y, la respuesta, de momento, está en mi mismo.
Porque la respuesta definitiva es 42.
25/04/2009
Yo tenía.
Yo tenía unos abdominales marcadísimos.
Eran una tableta de chocolate perfecta.
Las aristas resultaban cortantes de tan perfilados.
Cada vez que me quitaba una camiseta se me enganchaba y se rasgaba.
Por no decir que me pasaba todo el día en la cocina; que macarrones, pues a rallar queso en los abdominales; que tarta, pues chocolate; que anemia, pues barras de hierro, y claro, eso había que limpiarlo depués.
Ducharme era un suplicio, horas y horas rascando entre músculos para que no se quedase nada de roña.
Por suerte, un día se me cayeron los abdominales de leche y me salieron los de cerveza.
Menos mal, no me daba tiempo a ahorrar lo suficiente para ponerme botox.
